El triunfo de Ogier en el Rally de Grecia enfrenta a Loeb con Citroën

Sebastien Loeb

Sebastien Loeb

La especial nocturna que cerraba la segunda etapa marcó el orden de salida para la jornada definitiva. El piloto de Citroën Sebastien Loeb llegaba desconcertado al final de la misma, ya que no le habían mandado tiempos intermedios desde su equipo y, por lo tanto, no sabía cómo había acabado. Tras él, poco después llegó su compañero Sebastien Ogier que, curiosamente, se quedaba a sólo dos segundos del heptacampeón en la general.

En vez de reconocer que se había valido de la táctica para no abrir pista, Ogier afirmó: “He conducido con precaución porque había mucho polvo en suspensión”. Mientras tanto, Loeb no hacía más que pedirle explicaciones a Citroën y, desde el equipo, le respondían que no le habían mandado tiempos por seguridad, para evitar accidentes innecesarios en esa lucha de equipo. Pero el piloto más laureado de la historia no podía comprender cómo a su compañero sí se los enviaron.

Esa actuación fue determinante en el desenlace del Rally Acrópolis. Abriendo pista Loeb, Ogier le superó sin problemas e incluso se permitió el lujo de vencer en el último tramo televisado, en el que empataron los dos franceses, aunque las milésimas le dieron la victoria al joven aspirante que, de esa forma, se embolsó los tres puntos extra. Observando esos hechos, es más que comprensible la desesperación y el enfado que Loeb tenía al acabar el rally. No ha ocultado sus sospechas de que en su equipo se favorece a Ogier, una situación que, según se apresuran a señalar varios analistas especializados, puede acabar en un serio conflicto interno.

¿Y qué ha ocurrido en las filas de Ford? El podio cosechado por Mikko Hirvonen no ha servido de consuelo, ya que esperaban mucho más. Y es que de siete rallys, seis han sido para Citroën (tres para Sebastien Loeb y tres para Sebastien Ogier) y sólo uno para ellos, que se descuelgan en el campeonato de marcas. Los del óvalo esperan que al menos en la próxima cita, la Finlandia natal de sus pilotos, puedan cantar el alirón.