Poison, un veneno de efecto prolongado

Poison celebra 25 años de carrera

A la fecha, Poison ha editado 13 álbumes y han vendido 40 millones de copias alrededor del mundo

Cuando en abril de 2010 Bret Michaels sufrió una intempestiva hemorragia cerebral, nadie en Poison estaba para festejos. El cantante tenía una misión más importante: luchar por su vida sin mayores pretensiones de recobrar la lucidez.

Con algunos días de diferencia, casualidades del destino, el músico argentino Gustavo Cerati sufrió un incidente relativamente similar (un infarto en el hemisferio cerebral izquierdo) y a la fecha no ha despertado; sigue en estado vegetativo con un pronóstico incierto, en el mejor de los casos.

Michaels corrió con suerte, quizá demasiada.

 

Festejan 25 años de carrera
A poco más de un año de su cita aplazada con la muerte, el veneno se ha dado el lujo de celebrar 25 años de carrera con el lanzamiento de una producción titulada Double Dose of Poison: Ultimate Hits y una gira con su alineación original, que incluso hizo escala en Monterrey, México, a principios de junio.

Pero regresemos un poco la cinta. La historia de la banda se remonta a mediados de los 80, cuando la escena musical era dominada por grupos como Ratt, Mötley Crue, Twisted Sister y, en una versión menos estridente pero más atractiva para la radio y las jovencitas -que comenzaron a llenar las arenas y a comprar discos en cantidades industriales- Bon Jovi, Europe y White Lion.

Era la época del glam: maquillaje, pantalones untados a la piel, cabelleras alborotadas estratégicamente e infaltables gafas oscuras acompañado de una dosis al gusto de metal o hard rock, como también se le conoció a este género, que saturó las frecuencias hertzianas hasta que fue destronado por el grounge a principios de los 90.

Poison se encontraba en su elemento, un caldo de cultivo propicio para que irrumpieran en la escena Bret Michaels, C.C. De Ville (guitarra), Bobby Dall (bajo) y Rikki Rockett (bateria), quienes con su álbum debut Look What the Cat Dragged de 1986 se convirtieron en un fenómeno de alcances internacionales. A la postre, el disco vendió 4.3 millones de copias, una cifra nada despreciable, incluso hoy en día para personajes como Justin Bieber y Lady Gaga.

Sin embargo, nunca se ganaron el respeto de lo críticos (ni siquiera cuando decidieron guardaron los cosméticos y el peróxido), que los veían como cuatro afeminados estrafalarios, lo cual no les quitaba el sueño y menos al convertirse de la noche a la mañana en multimillonarios.

Su siguiente producción Open Up and Say… Ahh! (Ábrete y di… Ahh!) vendió más de 11 millones de copias y les mereció el título de Mejor Banda del Año en 1988 por la cadena MTV. Como bien reza una de las canciones incluidas en ese álbum, Nothin’ but a good time, eran buenos tiempos, de juventud, mujeres, drogas y excesos, muchos excesos.

Los siguientes trabajos de Poison tuvieron mayor o menor fortuna, a excepción de Flesh & Blodd, su tercer disco, que aprovechó la inercia de sus predecesores para vender siete millones de copias a nivel mundial. Pero los buenos tiempos iban quedando atrás. Tanto que se vieron obligados a despedir a C.C. De Ville, inmerso en el mundo de las drogas, y a partir de allí se sucedieron una lista de guitarristas que no hicieron huesos viejos en la banda como Ritchie Kotzen y Blues Saraceno, de virtuosismo innegable, pero a quien los fans nunca les entregaron su cariño.

De su año debut a la fecha ha corrido mucho agua bajo el puente, 13 álbumes y 40 millones de copias vendidas alrededor del mundo, según sus biógrafos. Con suerte, tendrás algún amigo que conserve una de ellas en acetato o en cassette, aunque te parezcan piezas de museo.

Ahora lanzan Double Dose of Poison: Ultimate Hits, un buen pretexto para la nostalgia o para conocer a una agrupación típicamente ochentera que, como Bret Michaels, intenta robarle tiempo al tiempo y sobrevivir en una época que ya no es la suya. Son 35 dosis (tracks) de sutil veneno que puedes administrar como mejor lo quieras. Pero cuidado, es un material altamente tóxico con efectos secundarios a largo plazo. La decisión es tuya.